Belleza

Adelgaza con la dieta intuitiva

Ahora existe una nueva dieta basada en escuchar al cuerpo y no imponerle dietas. Se trata de alimentarse sólo en la medida en que se necesita, y no por razones psicológicas o sociales, como el estrés, para compensar frustraciones, u otros motivos.

Rechaza la mentalidad de dieta. Deshazte de los libros de dietas, tira las revistas que prometen perder peso rápido, fácil y de manera permanente, no vuelvas a comprar ningún producto milagro: todos fallan. Y sí: enójate por todas las mentiras que te han dicho y que te hacen sentir el fracaso cada vez que dejas la dieta. No vuelvas a creerles una palabra.

Honra tu hambre. Alimenta a tu cuerpo con comida rica y carbohidratos adecuados. No pases hambre, ésta detona un estado de ansiedad que tarde o temprano termina en un atracón, porque todos tus intentos por moderarte y comer de forma consciente se vuelven irrelevantes cuando llevas muchas horas sin comer. Aprender atender a tu hambre es el primer paso para reconstruir tu confianza en ti mismo y en la comida.

Haz las paces con la comida. Cuando te dices “no puedo comer esto porque es malo”, detonas en tu psique el mecanismo de la prohibición; después se transforma en un deseo incontrolable y, tarde o temprano, terminas por “rendirte”. Mientras comes, sientes tanto placer y lo disfrutas con tal intensidad que comes sin control, luego te ataca una culpa insoportable y finalmente desarrollas una adicción. Ese mecanismo se desactiva cuando dejas de pelearte con la comida.

Reta a la policía de la comida. La próxima vez que escuches esa vocecita en tu cabeza que te dice que eres bueno porque comiste algo “light” o que eres malo porque te comiste un pastel de chocolate, grita NO. La policía de la comida es una falsa conciencia que se encarga de que respetes todas esas ideas que te han dicho sobre las dietas. Esa voz está profundamente arraigada en la psique, es muy poderosa e insistente… pero un trabajo continuo de conciencia y compasión hará que tarde o temprano deje de censurarte.

Respeta tu saciedad. El cerebro tarda de quince a veinte minutos en recibir las señales del estómago; si terminas tu plato en ocho minutos (seguramente no masticas bien), lo más probable es que estés comiendo el doble. Toma tu tiempo, mastica y saborea, averigua todos los sabores que hay en un solo bocado y disfrútalos, observa las texturas y percibe los aromas, finalmente, haz una pausa a la mitad de la comida y siente qué tan satisfecho estás.

Descubre el factor satisfacción. Los japoneses tienen la sabiduría de procurar elplacer como uno de los objetivos de la vidasaludable. En nuestra furia por combatir el sobrepeso o por ser delgados, olvidamos uno de los dones más preciados de la existencia: el gozo y la satisfacción que podemos encontrar en el acto de comer. Cuando comes lo que realmente quieres, en un ambiente propicio y acogedor, el deleite que experimentas es parte de la saciedad. Busca placer a través de los alimentos y necesitarás menos cantidad de comida para sentirte satisfecho.

Honra tus emociones. Encuentra la manera de nutrir, distraer, reconfortar o resolver tus problemas sin recurrir a la comida. La ansiedad, la soledad, el aburrimiento y el enojo son emociones detonadas por una situación específica, y la comida no va a resolverla. Puede ser que te alivie un rato, pero a la larga se vuelve peor porque entonces tienes dos asuntos por resolver: el problema original y las consecuencias de haber comido de más.

Respeta tu cuerpo. Acepta y agradece tu herencia genética; en la naturaleza, la diversidad entre organismos de la misma especie es un signo de vida, salud, equilibrio y fertilidad. Imagina que una persona con pies de 27 centímetros quisiera usar zapatos diseñados para 23 centímetros. Es absurdo, ¿verdad? La industria de la moda produce expectativas que van en contra de nuestra naturaleza. Si tu cuerpo te permite sentir y moverte, conectarte con otros y aprender, respeta sus formas y ámate por eso.

Haz ejercicio… para sentir. Olvida las rutinas militarizadas, las repeticiones y los entrenamientos que segmentan tu cuerpo en pedacitos. Solo ponte en movimiento y enfócate en las sensaciones, deja de pensar en centímetros y calorías. Enfocarse en las sensaciones es una motivación extra porque produce placer y conciencia corporal; descubre lo que tu cuerpo puede hacer, siente cómo se transforma con el movimiento.

Honra tu salud. Toma decisiones alimentarias en función de tu bienestar. Suena paradójico pero una dieta perfectamente saludable no es sana (emocional, física, social y psicológicamente hablando). Recuerda que en la variedad está la salud, lo que la define no es un antojito por acá o por allá, es lo que comemos de manera constante y progresiva.

Fuente: Yahoo

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