Bienestar

Consecuencias de comerse las uñas

Puede ser por culpa de la ansiedad, daña la apariencia de nuestras manos y puede hasta enfermarnos, definitivamente todo esto es verdad, lee más aquí.

El 10% de los adultos practica la onicofagia. Es decir, son adictos a comerse las uñas. Un mal hábito que, por lo general, arrastran desde la infancia. En la adolescencia, la cifra alcanza un pico del 45%, se reduce al 25% en los estudiantes universitarios y va disminuyendo con la edad, según datos recogidos en el artículo ‘Intervención conductual en un caso de onicofagia’, publicado en la revista ‘Enseñanza e Investigación en Psicología’

La manía, más allá de unas horrorosas consecuencias estéticas, llega a provocar infecciones, puede enmascarar afecciones mentales y, en casos extremos, daños dentales. Pero no es una enfermedad, sino una costumbre y, en sí, no supone problema alguno. A veces simplemente se trata de una rutina adquirida por aburrimiento que se realiza de manera inconsciente.

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Atención a la hora de mordisquear más allá de la uña (la lámina ungueal). “Si se agrede la cutícula o el repliegue periungueal pueden entrar agentes infecciosos, ya sean bacterianos, virus u hongos”, explica Montserrat Salleras, directora del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Sagrat-Cor de Barcelona. Pero estos son los menores trastornos para la doctora por no ser muy habituales. “Lo que es más difícil de tratar es el vicio de comerse las uñas, porque no hay un remedio efectivo siempre. Por ejemplo, los productos tópicos para el rechazo (esmaltes que pintan las uñas con mal sabor) han fracasado. Quizás se necesiten ansiolíticos, porque la onicofagia es una manifestación de ansiedad”.

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A falta de consejos colectivos en reuniones de ‘Roedores-de-uñas Anónimos’, los más acomplejados por este acto compulsivo o que sean conscientes de que su impaciencia se refleja en sus dedos, deben acudir a consulta. En El Prado Psicólogos (Madrid) organizan terapias individuales para tratar “este acto compulsivo que se realiza para aliviar tensión o liberar ansiedad, sobre todo en épocas de máximo nerviosismo”, analiza su directora, la psicóloga Rosario Linares.

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Para acabar con la manía, “le pedimos al paciente que anote las veces que se lleva la mano a la boca, que escriba en qué situación se produce y durante cuánto tiempo. Este registro personal ayuda a ser consciente de la práctica y este mero hecho ya disminuye la frecuencia”. Con estos datos, “tratamos de encontrar los motivos que le llevan a morderse las uñas: ansiedad, situaciones de estrés…”, aclara la psicóloga. En su clínica utilizan la hipnosis y otras técnicas para ayudar al paciente a tranquilizarse y terminar así con la costumbre.

Cuéntanos si alguna vez te has comido las uñas y cómo hiciste para dejar esa manía, aquí.

Con información de El Mundo

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