Bienestar

El mal humor de tu hijo podría estar en el desayuno

Si has notado que cada vez tus hijos están más irritables que no les rinde en el colegio y su estado de ánimo es más bajo, puede ser que su alimentación no esté siendo la correcta, comenzando por el desayuno.

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Y es que con el ritmo de vida que llevamos cada vez es menor el tiempo que ellos tienen de tomar sus alimentos con calma o peor, comer cualquier cosa antes de llegar al colegio.

Y eso no solo supone un pico de azúcar y nutrientes de baja calidad, sino la pérdida de otros micronutrientes esenciales en la dieta infantil —como hierro, calcio, zinc, yodo y vitamina D o B9— que solo se consiguen introduciendo en el desayuno una pieza de fruta, un lácteo e hidratos de carbono procedentes de granos integrales. Lo contrario a las galletas, pan blanco y cereales hiperazucarados en un tazón, que es la costumbre en la gran mayoría de lugares, según el informe El desayuno en la infancia: más que una buena costumbre, elaborado por pediatras españoles.

Aunque el desayuno en edad escolar debería representar el 30% de las calorías ingeridas a lo largo del día y aportar la energía suficiente para rendir a nivel físico y mental, en España los niños presentan un alarmante déficit en hierro —el 64% no alcanza la cantidad diaria recomendada— y Omega 3 DHA, imprescindible para el desarrollo cerebral, entre otros minerales y vitaminas.

Esto se debe a que entre el 20% y el 40% de los escolares llegan a clase sin desayunar, según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). El reciente estudio Hábitos del desayuno en los escolares, publicado por el Journal of Pediatric Nursing, coincide en señalar esta tendencia en los países desarrollados occidentales, donde están aumentando los casos de niños que se saltan el desayuno.

Carencias fundamentales

“Curiosamente, a pesar de las horas de sol que tenemos en nuestro país, también encontramos muchos niños con carencia de vitamina D. Observamos falta de ácido fólico, yodo… todos ellos nutrientes muy importantes que están presentes en los lácteos”, explica la doctora Cristina Campoy, del Comité de Nutrición de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica.

“Con los niños que no quieren beber leche, como los que no quieren tomar verduras”, añade, “los padres tienen que ser pacientes y tratar de que desayunen de forma equilibrada: una pieza de fruta, un lácteo y cereales integrales. En el caso de los niños las leches adaptadas —denominadas comercialmente como energía y crecimiento o simplemente crecimiento— pueden ser una gran ayuda en el momento del desayuno porque tienen modificado el perfil proteico y lipídico, para que sean bajas en grasas y enriquecidas con omega 3 DHA, hierro, calcio y vitaminas. De esta forma podemos aportar nutrientes extra si queremos completar la dieta infantil”.

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Los científicos advierten de que omitir la primera comida del día se relaciona no solo con cierta predisposición a la obesidad infantojuvenil, sino también con un déficit cognitivo y cambios en el comportamiento.

Una de las pocas investigaciones que ha analizado esta relación mediante mapeo cerebral o electroencefalografía cuantitativa (QEEG) descubrió que las niñas de 12 años que se saltaban el desayuno mostraban en sus ondas cerebrales un aumento significativo de la actividad beta, asociada con la ansiedad y los problemas de concentración. De hecho, en los últimos años se ha investigado la relación entre un desayuno pobre en nutrientes, con exceso de azúcar y de productos procesados, —como bollería industrial, cereales azucarados o productos cárnicos ultraprocesados (salchichas, fiambres)— con la falta de concentración, nerviosismo e irritabilidad. Algo que podría solucionarse si se cambiaran los hábitos familiares respecto al desayuno.

Tomado de El País 

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