Bienestar

¿Sabes qué es el síndrome de la mala madre?

No todas las cosas buenas que tú haces por tus hijos resultan tan buenas como tú lo crees, pero tampoco pienses que el hecho de que no puedas dar todo lo que tu hijo pide te hace una mala madre, toma nota.

Una madre es esa persona incondicional que nunca le va a fallar a sus hijos. Esa persona capaz de renunciar a todo para que sus hijos estén bien, la que espera con paciencia, la que siempre tiene una palabra de apoyo para animar o la que le presta su hombro para que llore cuando lo necesite.

Este juicio de madre viene de cuando las mujeres se educaban en no tener más ambición que ser buenas esposas, mujeres, educadoras y transmisoras de valores; cuando solo se dedicaban a cuidar y organizar el hogar, coser, quitar piojos, cocinar, limpiar o dirigir a la que limpiaba en casa.

Había excepciones, por supuesto, como Marie Curie, física, matemática, química, madre de dos hijas y galardonada con dos premios Nobel, pero no era la regla general.

Pero los tiempos han cambiado, ya no basta con tener hijos inteligentes, buenos estudiantes y educados.

Triunfar hoy día para la mujer implica ser buena madre, una brillante profesional; conseguir tener un grupo de amigas; aprender a ser independiente a nivel emocional y económico.

Tener su espacio para leer, hacer ejercicio y practicar aficiones; tener al lado a un hombre que valore su esfuerzo, su trabajo, le quiera tal y como es, sea cariñoso y comprensivo, y sepa compaginar con usted las tareas domésticas y la educación de los hijos.

Demasiados roles, exigencias y expectativas altísimas, que al final llevan a replicar el modelo de “mujeres orquesta” que tienen la sensación de estar en todo sin llegar a nada.

Y cuando creemos que esto no se está cumpliendo a la perfección con la prioridad entre todas sus actividades, que suele ser la atención de sus hijos, se valora a sí misma de forma negativa.

Hay madres que se creen “malas madres” por no cumplir con sus expectativas o las que impone la sociedad.

No puntúe su valía como madre en función de la cantidad de tiempo que dedicas a los niños. Lo que debes valorar y a lo que debes dedicar atención es a la calidad de las relaciones y el vínculo con tus hijos.

Tampoco se te ocurra sentirte culpable por compaginar tu maternidad con tu labor como profesional, por dedicar tiempo a salir a correr o querer leer un libro a solas y tranquila en el sillón.

Los hijos serán más felices si su madre se siente satisfecha, plena y profesionalmente realizada. No te engañes convenciéndote de que ser madre es suficiente para sentirse completa.

Si consigues compaginar tu trabajo, tu pareja, tu vida social, el tiempo que te dedicas a sí misma y el de los hijos, serás más feliz que si vives de forma abnegada y con sacrificio la relación con los niños.

Proteje a tus hijos con consejos, con argumentos, guiando, educando en valores, delimitándoles el bien del mal

Pero deja que ellos tomen decisiones, se caigan y se levanten. No sobreprotejas. No es mejor madre por quitarles los peligros del medio. Los baches van a estar siempre ahí, estés o no con ellos.

No les puedes quitar la piedra, solo tienes que enseñarles a torear a tu lado. No te sientas responsable de sus fracasos. Ellos tienen que equivocarse, tomar decisiones y lidiar con la frustración. Muchas madres tratan de ayudar para evitar la frustración de sus hijos.

Les acaban los trabajos del colegio, les recogen la habitación, les llevan la ropa donde estén…

Con ello educamos en la irresponsabilidad, en que no asuman las consecuencias de ser despistados, poco organizados o perezosos. No te amargues si tu hijo lo pasa mal, ya aprenderá.

No trates de compensar el tiempo que no puedes pasar con ellos comprándoles cosas

No hay nada que compensar. Trabajar y tener aficiones forma parte de la plenitud de una persona, y tú eres madre y también eres persona.

Trata solo de estar presente cuando dediques tiempo a tus hijos. Eso significa comunicación, escuchar, no tomar el móvil mientras están jugando, comiendo o viendo una película con ellos.

Tiene que ver con disfrutar plenamente lo que en ese momento estás viviendo con ellos.

Si el tiempo que pasas con tus hijos estás pensando en que tienes correos pendientes de contestar y cuando estás en el trabajo piensas que no es buena madre por no poder dedicarles más tiempo a los niños, nunca estarás realmente en ninguno de los dos sitios.

Además, los niños no valoran tanto los regalos como los padres imaginamos. Lo que valoran es que cuando tú estés con ellos les dediques toda tu atención.

Debes hacer respetar tu tiempo

No eres mala madre por tener un tiempo para ti misma. Utilizar el cuarto de baño sola y con pestillo, leer un rato sin que te interrumpan con voces desde otra habitación, practicar tu deporte o mantener una conversación privada con quien desees sin tener a tu hijo persiguiéndote por la casa.

Si educamos a los hijos estando siempre disponibles cada vez que nos busquen, entenderán que ellos merecen siempre nuestra atención y sus necesidades se convertirán en exigencias. Incúlqueles la paciencia, saber esperar, que existen otras personas que también demandan nuestra atención.

No renuncies a una cena romántica, a un paseo con tu amor o a estar momentos a solas con tu marido o con amigos

Es muy frecuente ver cómo parejas que tienen hijos terminan durmiendo con ellos en la cama, haciendo todo absolutamente con los niños.

La complicidad de la pareja termina por desaparecer, incluso el romanticismo. Son parejas que entienden que sus retoños se lo merecen todo y que ser padres es abnegación.

Pero el tiempo es cuestión de matemáticas: si dedicas 24 horas a los hijos, te quedan cero para estar a solas, hablar de temas de mayores, ver películas que no sean dibujos animados y besarse con pasión.

Busca un día a la semana para dedicárselo a tu pareja y desconéctate de biberones, pañales, deberes o momentos adolescentes.

Recuerda darte valor, no solo por la relación que mantiene con tus hijos

Tú tienes valía por muchas otras cosas. Es grande, brillante, imperfecta, graciosa, cariñosa, organizada, lectora, buena amiga, paciente y muchas otras virtudes que pueden tener que ver o no con la idea de ser madre.

No todo lo que les ocurre a tus hijos es responsabilidad tuya

No te sientas mal si el niño se lleva la bronca de la profesora, si tiene un conflicto con un amigo o si no tiene éxito jugando a un deporte.

Enséñele a pedir perdón, a resolver problemas, a ser reflexivo, pero no te responsabilices de todo lo que hace y dice tu hijo.

Los padres educamos, pero los hijos también copian modelos de conducta de lo que ven en la televisión, de lo que leen, de lo que ven en sus amigos, maestros y entrenadores.

Están continuamente expuestos a otras fuentes de información. Sí es tu responsabilidad saber en qué equipo juega y qué valores hay en el club, la elección del colegio, conocer los amigos con los que sale y ser consciente de qué programas ve en la tele. Pero no todo podrá estar bajo tu control.

Trate de fomentar la comunicación y el respeto y genera confianza para que tus hijos hablen de todo.

Todo lo que soy se lo debo a mi madre. Atribuyo todos mis éxitos en esta vida a la formación moral, intelectual y física que recibí de ella”
George Washington

Tomado de El País 

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