Curiosidades

El mejor psicoanálisis

Para muchos la mejor terapia es ir a donde el psicólogo, psiquiatra, pastor, indio amazónico, padre Gregorio y hasta donde una bruja o hierbatero a que le saque información para que coincida con lo que usted quiere escuchar.

Yo tengo una solución más barata y hasta bioenergética, para mí, y sé que muchas y muchos estarán de acuerdo, no hay mejor terapia que ir a la peluquería, salón de belleza, barbería o como lo quieran llamar.

No en vano cuando uno va a la peluquería se entera hasta de los más oscuros secretos de los clientes frecuentes. Allá encontramos un lugar de esparcimiento donde aparte de consentirnos, masajearnos, subirnos la autoestima, hasta un tinto nos dan (o en mi caso una aromática) para mojar la palabra.

Cuántas veces no hemos confesado nuestras anécdotas, historias y hasta nuestros pecados. Sin contar cuántas veces hemos llorado un desamor, tristeza, depresión, entre otras, a nuestra manicurista o estilista, quienes con un estilo único son capaces de subir nuestra autoestima a tal punto de robarnos una sonrisa en momentos tan sombríos en los que la luz no existe.

Sin contar las veces que han sido cómplices de nuestras alegrías, nuestros errores, búsqueda de oportunidades y hacen todo lo posible para que nos veamos y nos sintamos bien en diversas ocasiones. También han ayudado a vernos espectaculares en momentos de pecado. Ahí es donde nos alistamos para la cita del momento.

Cuántas no hemos compartido nuestros conflictos, dudas y diferencias terminando en una sala redonda (no podemos utilizar mesa porque muchas veces ni siquiera hay necesidad de estar en círculo) de debate, de lo que hicimos o debemos hacer en cada circunstancia, porque no hay mejor moderador que la o él estilista o manicurista.

Al final, muchas veces no nos solucionan nuestros problemas o conflictos pero nos escuchan, nos aconsejan y hasta nos alientan en momentos de crisis. Y como si fuera poco nos masajean las manos, los pies, el cabello, sin contar los que hasta mascarillas exfoliantes nos realizan.

Increíblemente, un espacio tan pequeño puede convertirse en un lugar de confort, donde dejamos nuestros demonios y sacamos lo mejor de cada una de las personas que visitamos con alguna frecuencia estos lugares.

Gracias Mafe, Leydi, Tocaya… y cada una de las personas que ejercen esta valiosa profesión que muchas veces es menospreciada pero tan importante en el día a día de las personas que recurrimos para hacernos cambios sencillos, como lo describí anteriormente, para enseñarnos que no somos tan malas ni tan buenas personas como muchas veces lo creemos.

Mil gracias por ser tan creativas y tener paciencia con esta mujer tan floja para estos menesteres.

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