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Cosas por las que un vendedor o vendedora de ropa te odiará

No le hagas esto nunca un vendedor o vendedora de ropa, no solamente es cruel e inhumanos, sino que le dañarás la semana.

Vender cualquier cosa ya es toda una hazaña. Hay nacer con una personalidad muy especial, con altísima tolerancia a la frustración y constante pensamiento positivo.

Sin embargo, uno puede dañarle el día a un vendedor o vendedora de ropa, así

Aunque los vendedores en general están preparados para lidiar con todo tipo de gente sin perder su objetivo, quienes se dedican a vender ropa saben que a veces los clientes son difíciles de manejar.

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Un importante portal español recopiló lagunas confesiones de quienes trabajan como vendedores en establecimientos de ropa, ¡y son muy graciosos!

“Cuando te dicen: ‘¿Ya estás cerrando? Solo voy a mirar’. Y te tocan toda la ropa”

O peor es cuando eres simpática (porque tienes que serlo y nos pagan por ello), das los buenos días con una sonrisa y te contestan: ¡SOLO VENGO A MIRAR! Y yo solo te estoy dando los buenos días.

Yo odio cuando entran a la tienda y ni siquiera saludan. ¡Somos personas, no maniquíes!

O la que viene con mil bolsas de haber estado de compras y te suelta: “¡Uf, qué cansada estoy!”. (Señora anoche cerré a las miles y hoy estoy de turno partido, NO ME HABLE DE CANSANCIO).

Molesta mucho la prepotencia con la que te hablan cuando se gastan 200 pesos. Se deben pensar que te están pagando el sueldo.

O cuando no es tu hora de entrar o abrir la tienda, estás en la puerta en tu momento relax (café y cigarrillo) y te vienen: “Niña, abre ya que tengo prisa, ¿tienes este modelo?”

La tienda recién abierta, aún tienes legañas y el humor por el suelo. Estás fregando, pasa alguien por la puerta, evidentemente te ve con el trapero, hace el amago de irse pero… ¡¡¡¡NO HAY PIEDAD!!!! Entra pisando todo lo fregado y luego se va a la zona seca. Se da una vuelta de compromiso porque, ya que ha entrado, ha de hacerlo. Y luego se va sin decir adiós (evidentemente, al entrar no ha dicho ni “hola”).

Cuando pides una talla a la tienda de otra ciudad y, cuando llega, parece que le tienes que dar tú las gracias al cliente porque se queja de que ha tardado un día más de lo esperado.

Cuando te dejan el probador hasta arriban y te dicen: “Ahí te dejo esto para que coloques lo que no quiero”. Y su acompañante dice por lo bajini: “No nos cuesta nada colocarlo”. “Déjaselo así, para eso les pagan”, contesta.

Las que intentan meterse siempre juntas en el probador. Les dices que no se puede y cuando te das la vuelta, ya están dentro. Como si hubieses hablado con la pared.

Muchas parejas se meten dentro en el probador, pero es imposible saber si dentro se están dando el lote o no. Yo lo hice cuando era adolescente. La leyenda estaba tan extendida que quise probarlo.

Que vean que estás doblando un montón de ropa y, cuando lo tienes casi perfecto, tiren algo encima. ¡¡¡Estando tú delante!!

 

¿Alguna vez has hecho algo como esto, así sea sin intención?

 

 

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Con información de El Confidencial

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