Pareja

¿Amor platónico o arrocito en bajo?

Yo escucho a muchos decir este término y me asalta una duda…

¿El arrocito en bajo se come o no se come? Si no se come, yo tengo un arrocito en bajo hace muchos años; y no crean que es por falta de ganas, es que no me dio papaya. Pero si se come el arroz antes de que se ahúme, yo soy una mojigata ama de casa porque no me he dado ese placer.

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Hace algunos años, cuando yo era joven, tenía un novio, él tenía muchos amigos y uno de ellos era casado. Después de un tiempo entramos en confianza, entre chiste y chanza me confesó que yo le gustaba mucho, pero que él respetaba su amistad.

Terminé mi noviazgo, pero aun así seguí con la amistad (de mi arrocito, si se le puede llamar así). Siendo amiga de él, esporádicamente nos encontrábamos y disfrutábamos la compañía del otro; después de varios años, me casé, construí mi familia. Volvimos a recordar ese gusto, los dos organizados con nuestras familias y manteniendo el contacto comprendimos el significado de la canción de Fonseca ¿Cómo me miras?

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No voy a negar que ese arrocito casi se quema, pues en un momento de debilidad las almas se desnudaron y él me robó un beso. Un beso que me supo a gloria, gloria de pecado, de pasión, de desenfreno, de juventud, un elixir de lujuria en un beso que por un momento detuvo el tiempo pero que duro la relatividad de Einstein; para mí fue muy poco, para otros una eternidad.

Desde ese día he anhelado comerme ese arrocito en bajo, pero no sé si se ahúme, o lo podré mezclar con algo más.
Amo a mi esposo, la familia que hemos construido, pero negar la sensación química que produce en mí este personaje, sería negar que estoy viva, que aún siento, que no tengo recuerdo de lo que fui en tiempos de remembranza. La sensación de saber que alguien piensa en ti de una u otra manera devuelve la importancia que en algún momento se pierde por la rutina de lo seguro

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Todavía hoy mantenemos contacto, aunque no hay besos, nuestros ojos se iluminan cuando nos miramos, el roce de nuestra piel tiene estática y nuestros corazones vibran con las ganas de comernos vivos. Somos bastantes cordiales delante de nuestras parejas, pero en la intimidad nos comemos con las miradas, nos declaramos el gusto del uno al otro. Pero lo único que tenemos claro es que nadie nos conoce como nos conocemos los dos.

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