Pareja

Un chisme no saca otro chisme: la cura es peor que la enfermedad

Una oyente, quien pidió mantenerse en el anonimato, nos abrió su corazón para contarnos cómo un rumor por poco acaba con su vida.

Por: María*

“Los chismes y habladurías son terribles. A mí, personalmente, por poco me acaban la relación que tengo con mi esposo, cuando aún éramos novios. Conocí a Carlos* en la oficina, yo era su jefe y él acababa de divorciarse. Salimos un par de veces y nos cuadramos de una. Mantuvimos un perfil bajo en el trabajo para que no nos pusieran problema, pero cuando comenzamos  ‘en serio’, llegaron los problemas.

Los compañeros empezaron a comentar que Carlos* había dejado a su esposa por una mujer de la empresa, pero que no sabían si era del mismo departamento o de otro. Yo siempre les decía que averiguaran bien, y disimuladamente trataba de hacerlos cambiar de tema.

Estábamos nerviosos, nosotros no habíamos hecho nada malo, aunque éramos amigos desde hace años, no nos cuadramos sino hasta después de la separación, pero, ¿quién nos iba a creer? Decidimos difundir nosotros mismos otro chisme para contrarrestar las habladurías, y nos inventamos que a mí me gustaban las mujeres, no los hombres.

¡No sé en qué estábamos pensando! No tardaron en sacarme novias en cada área, hasta que la mismísima practicante que tenía a mi cargo, dijo que un día yo le había cogido la mano, y sí, lo hice, pero porque estaba peleando con el papá y me solicitó permiso para salir más temprano, mientras lloraba como una magdalena.

Me llamaron a descargos y no tardé en perder mi puesto. Fue horrible, todos me señalaban y mi jefe me dijo que aunque no creía que yo hubiera acosado a esa muchachita, prefería cancelar el contrato para evitar problemas.

Salí con una mano adelante y la otra atrás, pues me pidieron pasar mi carta de renuncia… ¡Y yo misma había armado el rollo! Decidimos entonces decir toda la verdad, pues para evitar un chisme creamos uno peor, que por poco acaba con toda posibilidad de compartir un futuro juntos. No importaba si no recuperaba mi trabajo, por lo menos conservaría mi dignidad. Pero ese tiro también nos salió por la culata, pues cuando Carlos* lo dijo todo, empezaron a decir que él había dejado a la mujer por mí… ¡precisamente lo que queríamos evitar!

Al final Carlos* renunció y nos trasladamos a otra ciudad, todo fue por culpa de un chisme que creamos para evitar otro chisme y casi que nos tocó empezar de nuevo”

¡Que nos les pase a ustedes! Si alguna vez se enfrentan a un chisme sobre su vida íntima, es mejor enfrentarse y aclararlo con la verdad, nunca con otro rumor, pues las cosas fácilmente se pueden salir de las manos, ¡como me pasó a mí!

*Nombres cambiados.

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